Monthly Archives: gener 2013

Charcos e imaginación

Charcos

 
ChapoteandoLe encantaban los días de lluvia, sobre todo cuando las lágrimas del cielo (ella siempre las llamaba así) caían de noche y su calle amanecía como una laguna, todos los baches rebosantes de agua más o menos lodosa. Y, entonces, seguía siempre un mismo ritual. Llena de excitación, se vestía, desayunaba sin rechistar y se calzaba las preciosas botas de agua que su madre le había regalado tres años atrás y que tanto le gustaban, azules y blancas, con un dibujo del contorno de un juguetón delfín en cada una de ellas.
 
Y, así, equipada, salía en tromba hacia la calle en busca de los charcos. Podría decirse que algunos de esos charcos eran pozas, otros balsas, en algún caso ciénagas y hasta incluso podía encontrarse algún pequeño lago según fuera la anchura y profundidad de cada surco. En su calle, de hoyos, había a montones, a pesar de que el municipio la había denominado “Vía de la Llanura”, nombre que a los vecinos siempre les había parecido una especie de burla.
 
Sin embargo, para la niña, no había juego más estimulante que el chapotear en cada charco. Saltaba de uno a otro, alegre, gozosa, manchando de barro sus botas y salpicando a su alrededor. Era un momento muy especial. Al pisar chapoteando derrumbaba, como si fuera un terremoto, todas las imágenes reflejadas en el agua, casas, farolas, personas, coches, nubes, palomas, semáforos…. todas temblaban entre sus pies, se desmoronaban y se desvanecían, su mundo desaparecía bajo sus botas y su risa. Hasta que se quedaba quieta de nuevo, atenta y expectante, y el agua del charco volvía a componerse, el terremoto pasaba y las imágenes regresaban, pero éstas ya eran otras, eran el reflejo de nuevas formas, de otros lugares, con altas montañas y valles profundos, ríos cantarines, soles azulones, mares exóticos, fabulosos pájaros y extraños animales, prados naranjas y bosques misteriosos. Y allí, en esa nueva realidad creada en el líquido fangoso, la niña imaginaba reinos mágicos y extraordinarios y fantaseaba con historias fantásticas, acompañada de sus amigos los delfines, que cobraban vida ya en los primeros saltos y se escapaban de las botas.
 
Al cabo del rato de no moverse, aquellos universos imaginados también se evaporaban y los charcos acababan por devolverle su propia imagen. Y la niña, parada en medio del hoyo repleto de agua, con los ojos abiertos como platos, se miraba y se sonreía feliz al pensar que ella tenía, en sus pequeños pies, el poder de crear y transformar las lágrimas del cielo en otros mundos, en aquellos en los a ella le hubiera gustado crecer.
 
Cristina Serrat
(Febrero 2012)
 
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Escribo desde mi piel de loba

Escribir es como respirar. Innato, natural, espontáneo. Un paraje íntimo, en ocasiones turbulento y apasionado, otras calmado. Se trasforma, entonces, en un lugar en el que mecerse y rendirse. Eso es, rendirse, y caer, sin miedo, sin necesidad de red. Yo me siento escribiendo y escribo lo que siento. Me imagino que escribo lo que siento que imagino. Y lo escribo. Y respiro. Y me dejo. Y algo surge, brota imparable de los dedos mandados por una voz que, sin poder escucharla, resuena en mi cabeza. Y a todo le da sentido, a aquello que quiere ser escuchado, amado y escrito, aunque nada de eso tenga razón ni (buen o mal) juicio.

 Hoy te escribo desde mi piel de loba…

Restos de lucha, sudor y barro.
Mis ojos cerrados, a cal y canto.
Agudizo el tacto
y acaricio tu regreso.
 
Afino mi vista en negro
para saborear tu mirada,
tus ojos ávidos, sedientos.
 
lobos-bebePaladeo el deleite de tu boca
que a un milímetro del beso
se desvanece en mis labios.
 
Huelo tu rastro indeleble
y grabo las huellas de tu memoria
en los surcos que tu lejano aullido
va labrando en mi alma de loba. 
 
Cristina Serrat
 
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Letras entre mis dedos

Sentí un leve cosquilleo y me desperté…
 
Al abrir los ojos, mis dedos estaban impregnados de mil letras, que, inquietas, se observaban coquetas entre ellas y se pretendían… deseando convertirse en palabras, en frases, en historias que se crean a sí mismas.
 
603267_535621843124414_1545749399_n     Reconozco en ti un resuello antiguo
     un murmullo apenas percibido
     que se añora al escucharse
     que regresa de nuevo
     por primera vez.
 
 
     Cristina Serrat
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